Esperábamos mucho más

Carmen Inés Cruz Betancourt

En varios aspectos resultó decepcionante el inicio de la nueva legislatura. Primero, fue deplorable el espectáculo que ofrecieron los congresistas durante la instalación, no solo por el desorden que protagonizaron sino por su irrespeto a un recinto y un evento que supone debe revestir importancia singular.
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Muchos lucían totalmente desubicados, no sabían que se trataba de un evento formal y no uno deportivo, tampoco una fiesta de disfraz, ni una gala de medianoche, como lo revelaban ‘las pintas’ de muchos de los y las  asistentes. También fue decepcionante que dificultaran la intervención del Presidente saliente, abucheado por los opositores, que ahora son mayoría. 

De parte del Presidente también fue decepcionante su retiro sin escuchar al vocero de la oposición, y además se crearon condiciones para que el sistema de sonido fallara y no se permitiera escuchar dicha intervención que solo se dio tardíamente, cuando la audiencia estaba disminuida y aburrida por los recesos que tuvieron que dar. De ambos lados son actos reprochables, y es que parece que ni el Presidente ni los parlamentarios tomaron conciencia de que su rango les obliga a dar ejemplo de respeto y prudencia a la ciudadanía, así que lo que debería ser referente de comportamiento decoroso, no lo fue.

Ojalá este estilo deplorable no caracterice el trabajo durante la legislatura que inicia, cuando la controversia será intensa. Es crucial que controviertan y que presenten sus argumentos en pro y contra, pues ello contribuye a mejorar las propuestas que allí se debatan, y es previsible que casi cualquiera encontrará aguda resistencia de uno y otro bando, y la grosería y la negativa a escuchar con respeto solo logrará profundizar las diferencias, dilatar los debates y la toma de decisiones, ignorando que el tiempo corre rápido y es mucho el trabajo que tienen por delante. Ojalá lo entiendan y respondan a la ciudadanía que espera cambios que reivindiquen la imagen del Parlamento, que por muchas razones es deplorable y se percibe que su trabajo es inferior al desbordado costo que demanda al bolsillo los contribuyentes. 

A nivel regional, también hay decepción por la información que se conoció sobre la conformación de las UTL (Unidades de Trabajo Legislativo) de algunos parlamentarios que, aún siendo primíparos y por tanto desconocedores de muchos aspectos del trabajo legislativo que exige especialización y diligencia, optaron por conformar equipos con personas que en la mayoría no cuentan con la idoneidad requerida para atender las tareas especializadas que deben cumplir. Quedó en evidencia que su designación respondió principalmente al parentesco con sus jefes políticos y otros que apoyaron sus campañas; así, se identifican jóvenes y hasta amas de casa sin experiencia alguna. 

Tal parece que no entendieron que el éxito de cualquier directivo, depende no solo de sus buenas intenciones, también de que sepa rodearse de la mejor gente posible para que le ayuden a evitar errores, operar con diligencia y procurar resultados que respondan a la expectativa que han creado. Tendremos entonces legisladores novatos, sin experiencia y sin el soporte calificado para enfrentar una tarea trascendente, porque queda claro que el frondoso y costoso equipo de las UTL les servirá principalmente para pagar cuotas políticas. 

Entonces, es válido que la ciudadanía se pregunte si esos equipos no deberían limitarse a tres o cuatro personas con perfiles bien definidos y así reducir el despilfarro de recursos, además de ponerse en línea con la austeridad que obliga al Estado, especialmente cuando la pobreza y la inequidad son algunos de los graves problemas que agobian a los colombianos y el presupuesto público es insuficiente para atender tantas necesidades.

 

CARMEN INÉS CRUZ

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