Irresponsabilidad compartida

La semana anterior los medios dieron amplia difusión al escándalo protagonizado por el senador Alex Flórez, quien, en evidente estado de embriaguez pretendió ingresar a un reconocido hotel en Barranquilla con una dama no registrada allí.
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El espectáculo fue bochornoso, su vocabulario soez y actitud desafiante, configuraron grave maltrato a empleados del hotel, a policías, a su escolta y otras personas que trataban de contenerlo. 

Pero, más que ocuparnos de ese bochornoso hecho y del repudio que generó, cabe llamar la atención sobre dos asuntos que no se deben pasar por alto. En primer lugar sus posteriores declaraciones: “Son cosas que nos pasan a todos. No voy a renunciar a mi humanidad por ser senador …  a mí me eligieron para hacer las leyes, no para que me comportara como el ejemplo nacional”. A esto se agrega el reporte de que no es el primer escándalo que protagoniza, tiene amplios antecedentes tanto de maltrato a otros, como de su frecuente estado de embriaguez, inclusive él admite que tiene problemas de alcoholismo que no ha podido superar. 

Dicho lo anterior procede preguntar: ¿Quiénes son esos ciudadanos que conociendo semejantes antecedentes -porque se dice que eran ampliamente conocidos- se atrevieron a votar por él?.  Y, ¿Cómo es que dadas esas circunstancias un partido o movimiento político le da su aval?  ¿No es esa una penosa prueba de irresponsabilidad y desprecio por el Congreso? 

El exabrupto que representa el escándalo referido da lugar a mencionar que como éste, son muchos otros los personajes que llegan a ese y otros cuerpos colegiados sin importar el prontuario que les precede, no solo relacionado con comportamientos de índole similar, también otros inclusive delictivos ampliamente reconocidos y hasta probados, y aún así son elegidos. Las razones son múltiples: cuentan con abundante dinero para hacer campaña, incluyendo compra de votos; o hacen parte de familias poderosas, de mafias o clanes políticos/politiqueros, a los que nada importa las condiciones éticas, capacidad e idoneidad de los candidatos para ejercer los cargos. 

Cabe mencionar, así mismo, la irresponsabilidad de ciudadanos que incumplen su deber de votar por personas idóneas para asegurar que el país cuente con cuerpos colegiados que no solo aprueben leyes, ordenanzas, acuerdos, etc, sino  que, por sobre todo, den ejemplo de comportamientos éticos y compromiso con el bienestar general de las comunidades; personas a quienes no se les suban los humos con el cargo, que asuman como servidores públicos y no como “reyezuelos” que maltratan a quienes pagan sus sueldos y privilegios.

Que entiendan que el cúmulo de leyes que aprueban, de poco o nada sirven, si ellas no se aplican con rigor, inclusive si conllevan sanciones para ellos mismos. Que, a diferencia de lo que cree el senador Flórez, entiendan que aprobar leyes no es su única función, porque tanto o más importante, es dar buen ejemplo a la ciudadanía,  hacer control político y  vigilar para que ese reguero de leyes se apliquen. 

Pero, la resonancia nacional que ha alcanzado este bochornoso hecho,  no debe ocultar eventos que suceden en escenarios próximos, como el bullying o matoneo denunciado por una concejal de Ibagué, de parte de un colega que haciendo gala de machismo y ordinariez extrema, opta por maltratarla por el hecho de ser mujer. Uno y otro son comportamientos repudiables que exigen revisar cuidadosamente los criterios que se adoptan a la hora de escoger candidatos, otorgar avales y depositar su voto.

 

CARMEN INÉS CRUZ

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