Se aguó la fiesta

Carmen Inés Cruz Betancourt

Con entusiasmo observamos la realización del campeonato mundial de patinaje en el Coliseo Mayor Ibagué, sobre el cual, en el acto inaugural el Alcalde destacó que era uno de los mejores en su género. Está ubicado en el Parque Deportivo, tuvo un costo cercano a $63 mil millones de pesos y tiene un aspecto monumental. Igual, fue grato ver deportistas extranjeros y de diversos rincones del país recorriendo centros comerciales mientras degustaban un helado o hacían compras. Excelente, dijimos, eso es lo que necesitamos, eventos de gran alcance que visibilicen la ciudad, dinamicen el turismo y de paso la economía.
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Pero la alegría duró poco porque con la primera lluvia fuerte (que celebramos porque se requería con urgencia) sucedió que la pista donde realizaban las competencias se inundó y un equipo de trabajadores con trapero en mano tuvo que acudir presuroso para secarla mientras los deportistas se reubicaban para esquivar la lluvia que entraba por perforaciones abiertas en el techo del Coliseo, así que literalmente, “se aguó la fiesta”. 

No fue ese el único contratiempo, poco antes y aún sin estrenar se habían observado huecos en la misma pista, que amenazaban el ejercicio de los deportistas y que debieron subsanar “carrera mar”; así mismo ocurrieron fallas con la iluminación en algunos sectores del coliseo. Todos problemas serios que denotan fallas en los diseños, en la construcción y en la calidad de los materiales, y aún así  había sido “recibido a satisfacción” a pesar de las repetidas alertas formuladas por veedores calificados, y conocidas por los Organos de Control y por los interventores, que nada hicieron, sin importar las inmensas sumas del presupuesto público involucradas. 

Cabe entonces preguntar: ¿Cómo es posible que poco o nada se pueda hacer bien en esta ciudad en materia de obras públicas, a pesar de que los gobernantes sacan pecho por sus realizaciones y descalifican a quienes, según ellos, los critican injustamente? Lo ocurrido es evidencia clara de decisiones deplorables adoptadas a la hora de suscribir contratos, acaso con firmas que no tienen la idoneidad requerida o rebajan la calidad de los materiales y cambian especificaciones técnicas para atender exigencias cuestionables 

Tristeza y desolación generan este tipo de hechos que hacen quedar muy mal a la ciudad y a la ciudadanía, que aún no se recupera del sonado fracaso de los Juegos Nacionales de 2015 que no pudieron realizarse y que mantiene a un alcalde en la cárcel porque destruyeron los escenarios deportivos que existían pero en cambio nada construyeron. ¿Cómo puede entonces la ciudad postularse con credibilidad como sede de eventos deportivos alegando la disponibilidad de escenarios adecuados y una localización privilegiada? Y aquí cabe mencionar que multiplicar y diversificar eventos deportivos de gran alcance es una de las actividades que proponen los planes de desarrollo como opción para que la ciudad gane visibilidad, dinamice la economía y genere empleo.

En suma, con desolación debemos reconocer que un evento que debió ser un gran éxito, tuvo fallas lamentables. Ojalá la administración municipal cuente con las garantías necesarias y actúe con diligencia para exigir a los constructores que con máxima prontitud asuman las reparaciones necesarias. Ojalá, también, estas deplorables experiencias sirvan de lección a la hora de tomar decisiones el próximo 29 de octubre, porque resulta insólito que sigamos perdiendo las valiosas oportunidades que se presentan para impulsar actividades que pudieran aportar muchos beneficios al desarrollo regional y al bienestar de la comunidad, y hay que reconocer que la culpa es de la ciudadanía que no vota, o vota mal, así que a votar bien.  

CARMEN INÉS CRUZ

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