Prevenir la tragedia

El Servicio Geológico Colombiano ha informado sobre el aumento de la actividad del Volcán Cerro Machín, declarando la alerta amarilla y reportando cerca de 400 eventos sísmicos hasta el sábado pasado. 
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Que quiera despertarse el León dormido debe preocuparnos a todos sus vecinos, especialmente a los habitantes de Cajamarca e Ibagué que estamos a escasos kilómetros de distancia (7 y 17 km respectivamente). El poderío de la eventual erupción de ese volcán con altísimo índice de explosividad, amenaza de forma directa la vida, la economía y la infraestructura de cientos de miles de personas. Hay que preparar y difundir masivamente los planes de evacuación y atención de la eventual emergencia.

Particular consideración merecen las gentes que viven no a kilómetros, sino a pocos metros de distancia, en las goteras del cerro, como ellos dicen. Miles de familias campesinas que habitan los corregimientos de Toche y Tapias en Ibagué, viven de las maravillosas tierras volcánicas fértiles y productivas, y algunas del turismo de naturaleza que se hace posible por el exótico domo del volcán, los termales de aguas calientes, cuerpos de agua casi prístinos, las aves endémicas que surcan esos cielos y la proximidad del bosque altoandino donde se erige el bosque de palma de cera más grande del mundo. 

Paradójicamente ellos, privilegiados por vivir dentro de una zona que es una verdadera joya natural, son los inmediatos amenazados ante una eventual erupción volcánica. 

Existe una acción popular con órdenes judiciales para proteger la vida de estas familias, la cual ha sido incumplida reiteradamente por las actuales administraciones de Ibagué y el Tolima, actitud deplorable que más allá de enmarcarse dentro de una falta disciplinaria gravísima y el presunto delito de “fraude a resolución judicial”, se muestra como una macabra indiferencia ante el riesgo inminente que corren las vidas de quienes habitan en la zona primaria de influencia del volcán.

La principal orden violada es la de mantener en perfectas condiciones las vías de evacuación, también la de mantener activos los canales de comunicación de emergencia en una zona con limitada conectividad de voz y datos celulares, incluso la de adquirir predios para reubicar las familias más próximas al Machín.

En el gobierno de Guillermo Alfonso Jaramillo, asumimos con seriedad el nivel de riesgo e invertimos en la culminación de una vía alterna de evacuación denominada ‘Mangos - Tapias’, que incluyó la construcción de un puente vehicular sobre el río Bermellón que conecta directamente con la vía Panamericana. 

Hoy ese carreteable se encuentra en lamentables condiciones como producto de la falta de mantenimiento y la nula construcción de obras de estabilización y manejo de aguas de escorrentía, ni que decir de la vía principal Boquerón – Tapias, por la que sus habitantes han hecho desde plantones hasta bloqueo de vías en esta ciudad, reclamando infructuosamente la acción de la Alcaldía y la Gobernación.

¡Que alguien haga algo! La Unidad Nacional de Gestión del Riesgo debería asumir el papel de proteger a esas familias, ante la infamia y desprecio por los campesinos vulnerables que hoy demuestran quienes están al frente del poder local y regional.

 

¡Hagamos región y apoyemos lo nuestro! 

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CÉSAR PICÓN

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