Reflexiones de Semana Santa: el odio

Hugo Patarroyo Murillo

Fueron muchas las invitaciones que desde diferentes ángulos, se le hicieron a los colombianos para “reflexionar”. La Iglesia Católica a muchos niveles y variados medios de comunicación, exhortaban a los individuos de nuestro país, a “reflexionar”, mejor dicho, a meditar, a pensar, a cavilar, sobre nuestro país, sobre nuestra sociedad, sobre nuestra familia. Lo único que no se les indicó bien, fue el razonamiento que se debía observar sobre el ODIO. Así, con mayúsculas. 
PUBLICIDAD

Actualmente, el Gobierno nacional,  en una clara confusión entre la ideología y la “praxis”, sigue esgrimiendo las banderas con las que llegó al poder. No solamente corrieron “las líneas éticas”, mejor dicho, “el todo vale” para ganar: había que inventarse cosas, había que mentir, había que engañar y…  también, había que atemorizar.  Y… para que la gente, se inquiete, había que enseñarla a odiar.  Y… ahí siguen con la bandera del odio, blandiéndola cuando se necesita, cuando se requiere. La esgrimen dirigentes afectos al régimen, amenazando con desestabilizaciones si no se acogen los postulados del “César”. Mejor dicho, habrá más desorden, las calles se llenarán de vándalos odiando, de “Hunos” parecidos a los del bárbaro Atila. Con eso es que, pretenden asustar.

La verdad, las cosas no las llevan tan bien como pensaron inicialmente. El tema de la ideología, les ha chocado con la realidad. No se sabe, hasta adónde puedan llegar pero, indudablemente, hay un guión, una bitácora, un plan de vuelo. Había primero que, atacar las instituciones del país, cuestionar los organismos, censurar la sociedad por mala, por ineficiente, por inoperante. De por sí, algo han hecho. Tal vez, el ejemplo de algún país centroamericano, sea el faro les ilumine el camino a seguir. Allá fue lo mismo. Se manejó el odio y se estableció una dictadura que encarcela hasta los Obispos Católicos que no “comulguen” con la autarquía.

La trama del odio, es un asunto muy delicado de manejar. Históricamente, y a nivel internacional, el odio que promovió Adolf Hitler hacia los Judíos, tuvo unas consecuencias funestas para la civilización. Se inició con el incendio del Reichstag ( Feb. 1933) a mano de los mismos nacional-socialistas de la época que, inculparon a los judíos de un hecho, en el que, la verdad no tenían nada que ver. Ahí se sentaron las bases de lo que sería un posterior “Holocausto” contra el pueblo hebreo. 

Y… volviendo a “lo nuestro”, bien vale traer a colación la reciente columna del Prof. Pedro Medellín, publicada en “El Tiempo” ( 7 Abril -23) que dice, en uno de sus apartes: “La cultura del odio, siempre latente en nuestra sociedad, reaparece carcomiendo rápidamente los códigos y patrones del comportamiento social, para instaurar en su lugar, códigos y valores del daño y del sufrimiento. Una cultura que puede dar al traste con los esfuerzos por construir una sociedad menos violenta y más deliberante” y… más adelante, el catedrático Medellín remata: “ Colombia es un país espasmódico. De cuando en cuando es atacado por una especie de onda expansiva del odio, que se toma los espacios de la deliberación pública”

Con toda ésa barahúnda de cosas, la pregunta del millón, es la siguiente: ¿quién se encargará de restituir el afecto y el cariño entre los miembros de la sociedad colombiana y… esto, para cuándo?

 

Este artículo es de nuestro periódico impreso.

¡Hagamos región y apoyemos lo nuestro!

https://digital.elnuevodia.com.co/library

También lo puede adquirir en físico.

 

HUGO PATARROYO MURILLO

Comentarios