El tránsito de una época dorada de la agricultura del país, a una marcada crisis

Crédito: ARCHIVO /COLPRENSA - EL NUEVO DÍA En tiempos de bonanza el Tolima llegó a sembrar más de 100 mil hectáreas de algodón y se denominó como ‘Triángulo algodonero’ a Amblema, Espinal y Natagaima. En total eran 23 municipios en los que se cultivaba la mota blanca.
Ingenieros agrónomos de diferentes departamentos enviaron una alerta al Gobierno nacional para que se tomen medidas de fondo en el sector agrario, pues con el tiempo lo que se evidencia es una involución que pone en ‘jaque’ la seguridad alimentaria de una nación.
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Décadas atrás, el Tolima era una fuerte despensa agrícola en la que se tenía una variedad de productos para el consumo nacional e internacional. Con el paso del tiempo el campo fue quedando desprotegido, a tal nivel, que varios expertos en el tema lanzaron una alerta, pues ven cómo poco a poco el agro cae en cuidados intensivos.

EL NUEVO DÍA habló con un grupo de ingenieros Agrónomos graduados en 1973 de la Universidad del Tolima, ellos basados en su experiencia y conocimiento, expresaron que es triste que se pasó de una época dorada en que se cultivaba gran variedad de alimentos a ser importadores.  

Iván Pulido es ingeniero Agrónomo y laboró como asistente técnico en la sabana de Bogotá, igualmente es cultivador, trabajó en Bavaria y en Laboratorios Bayer de Colombia durante 20 años.

Como conocedor del campo, recordó que en algún momento de la historia el país tuvo sembradas 400 mil hectáreas de algodón entre la Costa Pacífica y el Centro, “para hoy estar reducidos a 17 mil hectáreas, la producción no alcanza ni para el arranque, el 90% que utilizan las empresas industriales los importan de los Estados Unidos y Canadá”.

Otro de los cultivos que floreció entre la década de los 70 y 80 fue la cebada, en ese entonces se hablaba de 220 mil hectáreas a nivel nacional y ahora tan solo se alcanza a llegar a ocho mil, “quiere decir que para la producción de cerveza, de este país que es tan cervecero, estamos importando el 95% de la cebada de grandes países productores”.Tolima.

Algunos datos históricos del Ministerio de Agricultura y entidades adscritas, evidencian que entre 1990 y 2014 se redujo el cultivo de sorgo en un 98%, trigo en 91%, la cebada en 88%, el algodón en un 83%, el ajonjolí 71%, la soya en 69%, tabaco negro 59%, el maní 23%, el arroz mecanizado un 23%, el maíz 23%, el frijol 17%, papa 44% y el café 0.3%, explicó Pulido.

“Esto quiere decir que se acabaron los cultivos semestrales en Colombia, no queda sino arroz y la papa. Creemos que estamos en crisis”, puntualizó.

Y en las cuentas de los productos que aumentaron sus hectáreas de siembra están los frutales, la palma africana, el plátano de exportación, las flores y banano, “nos volvimos importadores, tenemos un desbalance comercial”, agregó.

Otra de las conclusiones es que el carbón y el petróleo, son productos que en opinión de expertos ya empiezan a verse como obsoletos, pues una apuesta a nivel mundial a mediano plazo y largo plazo son las energías limpias.

“Es una situación muy crítica la que se está avecinando”, dijo Rigoberto Abello, agrónomo que trabajó durante 10 años en General Electric, en el área de maquinaria agrícola, durante 20 años laboró en agronomía con productos como aromáticos, aceites esenciales y aloe vera con sábila.Tolima.

Mensaje sin respuesta

Ante el panorama 22 ingenieros agrónomos de la Universidad del Tolima le enviaron una carta al presidente Iván Duque el pasado 31 de enero, con la intención de que se  diagnostique el problema, el gobierno haga un análisis y reconsidere la crisis, teniendo en cuenta “que el tema agrícola es primordial para que la economía del país salga adelante”, dijo Iván Pulido. 

De la misma forma, pusieron a disposición su experiencia que relaciona la investigación, la transferencia de tecnología, docencia universitaria, actividades productivas de acondicionamiento, transformación y comercialización de las materias primas.

En uno de los apartes de la carta se señala que: “La situación del sector se agravó a partir de la década de los noventa, con la apertura económica basada en los Tratados de Libre Comercio, que en nuestro concepto generó incuestionables efectos negativos, tanto para la manufactura como para la agricultura y que se manifestó en la caída en la participación de esta última en más del 40% del PIB”.

Además exponen que en el tercer informe de la Misión de Sabios que se reunió en 2019 quedó una clara advertencia “que sin aumentar la investigación, Colombia se condenará a rezagar su desarrollo, incluso por debajo de los demás países de América Latina, porque un país no puede depender de otros en conocimiento básico para tener un desarrollo económico acelerado o para disputar posiciones relevantes en la economía global, puesto que la creación de riqueza está vinculada al desarrollo científico”.

Los expertos hacen énfasis en que la “seguridad alimentaria y la vida digna de los productores campesinos son responsabilidad del estado y que la investigación, transferencia de tecnología y la infraestructura para el desarrollo socioeconómico no pueden ser dejadas en manos de particulares y, menos cuando estos no tienen las condiciones para asumir tamaña responsabilidad”.

Asimismo, cuestionan que durante cuatro décadas Colombia no se ha beneficiado de los avances agrícolas globales y por el contrario, ha retrocedido debido al descuido de la agricultura, renglón básico de la economía.

“Esto ha ocurrido porque los gobiernos privilegiaron la minería, como el motor de desarrollo a futuro e invirtieron en negocios poco confiables a largo plazo, no amigables con el medio ambiente y con características muy efímeras”, se precisa en la carta.

El análisis enviado a Presidencia también incluye otro ejemplo de retroceso como es que años atrás el país era autosuficiente en soya requerido para producir alimentos balanceados para animales, “en 1965 ocupábamos el primer lugar a nivel mundial en productividad con más de 4 toneladas por hectárea, mientras hoy a penas llegamos a las 1,8 toneladas/ha”. 

Hasta el momento, el mensaje que es visto como S.O.S por el gremio no ha obtenido respuesta.Tolima.

Lo que alguna vez fuimos

Por su parte, Hugo Reynel García Bernal, consultor en Procesos Agroindustriales, también egresado de la UT y magíster en Ingeniería Agrícola de la Universidad Federal Viçosa Brasil, especializado en poscosecha y quien trabajó durante 37 años en el ICA, comentó que la ubicación geográfica del Tolima genera condiciones agroecológicos para la instalación de cultivos semestrales.

“Cuando salí la primera vez de Bogotá, conocí a Soacha y llegué a Ibagué, quedé impresionada porque uno veía sorgo, el color blanco del algodón y el verde del arroz. La cantidad de colores que se encontraba uno desde que empezaba la vía de Melgar hacia Ibagué (sorprendía)”.

Pero ahora, “ver la desolación que tienen los valles interandinos… pasa uno por Armero – Guayabal y lo único que uno ve son tres o cuatro vacas en un potrero, ya no se ven los cultivos, eso es altamente preocupante”.

La época dorada del ‘agro’ fue tan alta que no hacía falta tener industria, pues a partir de los cultivos se generaba una cadena de empleabilidad que movía la economía de las regiones. Pero al acabarse la fuerza agraria, quedó un vacío que hoy se refleja en los altos índices de desempleo.  

Otro de los recuerdos que hoy se ven muy lejanos, es la migración de recolectores tolimenses y huilenses hacia el Cesar en la década de los 70, una vez se terminaba la temporada algodonera en el Tolima Grande.

“Llegaban en el tren, había desfiles de Rápido Tolima y Bolivariano hacia Aguachica y tras ellos venían los tecnólogos agropecuarios, los agrónomos, los pilotos y los lechoneros, (se disfrutaba de) los tamales, el aguardiante Tapa Roja, se vivía un ambiente de trabajo, pero también, de cultura y folclor, se movía el dinero”.Regional.

Falta de planificación

Otro de los cuestionamientos es que hoy no se cuenta con una adecuada planificación de siembra, pues anteriormente, los agricultores debían consultar al ICA para solicitar la autorización y establecer los cultivos, así se evitaba tener cosechas voluminosas que generan que los productores terminen regalando sus productos. 

En medio del panorama, los pequeños productores están en desventaja pues hay temporadas en que el pago de la cosecha no compensa los costos de producción, a lo que se le suma la imposibilidad de créditos bancarios que termina en la venta de predios, lo que conlleva a que empiecen a “aguantar hambre porque ellos no van a sobrevivir con eso.

“Se vienen a engrosar los cinturones de miseria en la ciudad porque no tienen otra alternativa”, opinó el agrónomo José Vicente López Varón, quien además es magíster en Ciencias del Riego y Drenaje de la Universidad de los Andes Cidat, Venezuela, doctor en Ciencias en Uso y Conservación del Agua del Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de Monterrey.

 

DATO

En el cultivo de cacao se continúa con los mismos 400 kilogramos por hectárea, como se tenía en 1960, cuando Ecuador alcanza ya los 800 kg por hectárea.

XIMENA VILLALBA C.

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