CIENCIAS SOCIALES, CIENCIAS ECONÓMICAS

Alberto Bejarano Ávila

Economicismo, frágil espíritu crítico y autocritico, ninguna identidad y más razones, impiden que técnicos y burócratas acepten las ciencias sociales como fuente moral e ideológica para construir el futuro y, a su vez, la ninguna influencia de las ciencias sociales en la contribución de la sociedad civil a la visión del futuro, facilita a los actores económicos y “políticos” seguir relegando al antropocentrismo como fin supremo del desarrollo y, por ello, el pragmatismo miope seguirá siendo la única guía del futuro. Mi tesis, sin audiencia, indica que las ideas de construcción social de región (ciencias sociales) sugerirían al Tolima cual debe ser su modelo económico, pues el mero economicismo origina asimetría, exclusión, uso ilícito del erario y más ignominias que causan apatía ciudadana por lo público, incivilidad, abstención electoral y más efectos nocivos que motivan quejas, más no desvelo por saber cuáles son sus causas.
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Antropología, historia, demografía, sociología, sicología social, derecho, entre otras ciencias sociales, se relegan o usan solo como escudo teórico o moral para mostrar acciones o planes paliativos o asistencialistas que exhiben como responsabilidad social y ambiental; la política es sin duda la ciencia social más dinámica, tal vez por ser la más “rentable”, pero sin respeto ni coherencia con su profundo significado y tipificada por un impudor progresivo bautizado como politiquería. Excluir las ciencias sociales de la construcción prospectiva es craso error que a los tolimenses nos ha llevado a ser quejosos de tanta ineficiencia, dejadez, corrupción, desempleo, inseguridad y más problemas sociales, pero sin capacidad de reflexión metódica acerca del porqué de ese acumulado de desafueros y el cómo propiciar el esfuerzo colectivo para reconstruir con creces lo destruido y encauzar al Tolima hacia un estadio de progreso.

Ningunear las ciencias sociales en la discusión sobre el futuro atrofia la calidad de la opinión pública, la cohesión social y la eficacia de las soluciones y hace del fatalismo, la desconfianza y el individualismo una idiosincrasia antípoda del espíritu cooperativo y futurista que haría posible que los actores sociales, unidos y hermanados por la identidad, dialoguen sobre un futuro digno para el Tolima y pacten cómo lograrlo. Las ciencias sociales, medidas con igual rasero de jerarquía de las ciencias económicas y bajo la premisa ideológica de construcción social de región, podrían revelar los porqués de tantos problemas y hacer posible imaginar, compartir y construir un estratégico y sistémico andamiaje progresista que corregiría el eje gravitacional de las inicuas realidades y produciría grandes marejadas de transformación.

La simbiosis de ciencias sociales y económicas cambiaría esas erróneas ideas o paradigmas hoy dominantes del desarrollo y desentrañaría razones para que la diversidad comunitaria, orientada por líderes sociales, económicos, ambientales, científicos, académicos, culturales, intelectuales y desde luego políticos, sabedores de que su misión es realmente histórica, se unan y así se conviertan en protagonistas conscientes y entusiastas de un liderazgo capaz de gestionar la modernidad y el progreso para las nuevas generaciones de tolimenses.

 

Alberto Bejarano Ávila

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