Sobre el viejo y el nuevo Tolima

Indeclinable debe ser el respeto por las ideas y el obrar político que cada quien asuma, sobre todo por ideas y acciones que no se comparten.

Cien años de oires y decires

De los voceros de la economía, la organización social, la cultura, la educación y, sobre todo, de la “política”, en el Tolima oímos y leemos a diario millones de palabras que coinciden en la preocupación, sincera o falsa, por los graves problemas socioeconómicos que padecemos los tolimenses, palabras que, con distinto enfoque, revelan ideas, proyectos y compromisos para corregirlos. Contados a la bartola diría que por 25 mil días he venido oyendo y leyendo (igual he dicho y escrito, para sumar) trillones de palabras que a la postre nada corrigieron. Setenta años de oires y decires estériles es una eternidad y no dudo que, salvo una profunda escisión histórica, cuando menos serán 11 mil días más (30 años) de palabrería infértil.

Anclar problemas o desamarrar soluciones (II)

Decía en la primera parte que la tragedia tolimense nos exige sincronizar el corazón con la razón porque irónico e ilógico es que grandes mayorías de tolimenses anhelemos que en el Tolima se ocasione un cambio pero que, luego de tantos años de sufrir un progresivo atraso, aún no sepamos cómo hacerlo y, en vez de buscar las soluciones, sigamos contemporizando con prácticas que por acción u omisión originan el atraso e impiden el cambio. Como aquello del corazón y la razón parece retórica sensiblera, debo intentar una explicación y, para ello, opinaré sobre el electoralismo y lo electoral, pues en éste sutil dualismo estaría la respuesta al por qué nuestro imaginario político apadrina el atraso en vez de ser motor del progreso.

Anclar problemas o desamarrar soluciones (I)

Ante la compleja, progresiva, invasiva, imparable y sistémica tragedia social que padece el Tolima (y Colombia claro está, pero “primero lo primero”), seria disparate pensar que exista siquiera un tolimense opuesto a que “las cosas deban cambiar” y que no desee contribuir a que el cambio sea realidad. ¿y entonces porqué esas cosas empeoran cada día?

Sobre prioridades e inconsistencias

Tal vez por creerlo irrelevante, en el Tolima nunca hemos considerado que el pensamiento estratégico para construir desarrollo regional debe tener un claro orden de prioridades y de ahí la incoherencia y desenfoque de las bases teóricas del desarrollo tolimense, cuyo efecto es que las visiones, los objetivos y los lineamientos prospectivos sean antojadizos, erráticos y “de corto vuelo”. Por ignorar la prioridad, la prospectiva tolimense extravió su pertinencia y por ello la búsqueda de factores detonantes del desarrollo acaba centrándose en “Bogotá” y no en las potencialidades endógenas; prueba de ello es que los “estrategas” claman ayuda nacional, hipotecan la autonomía regional y validan la levedad y la desvergüenza política, en vez de afirmar la integralidad tolimense para merecer respeto en el ámbito nacional.

Cuando el pasado eclipsa al futuro

Desarrollo, bienestar, innovación, modernidad, transformación, oportunidades y muchos sustantivos más que escuchamos todos los días en boca de muchos dirigentes y agentes de opinión, parecieran ser pregones de futuro, pero, al escrutar detenidamente los momentos, las circunstancias y las acciones que proceden, se evidencia que tales conceptos son apenas lugares comunes propios de racionalidades e intencionalidades más ligadas al pasado que al futuro. Escuchar palabras y luego padecer las acciones posteriores, es como un dèjà vu o “sensación de haber vivido ya la misma situación” y de ahí la pregunta que debería preceder todo ejercicio prospectivo: ¿El pasado eclipsa el futuro de los tolimenses?

Las luchas sociales no deben personalizarse

Admirable y ejemplar es la lucha que, por fines concretos, libran muchos líderes tolimenses. Medio ambiente sostenible (Bosque Galilea, Piedras, Cajamarca), cultura (festivales y otras expresiones) patrimonio arquitectónico (Ambalema, Honda y más lugares emblemáticos e históricos) son, desde hace muchos años, algunos de esos frentes de lucha que, en mi franca opinión, se perderán, porque son aislados y no convergen estratégica y políticamente a un proceso de empoderamiento para cambiar el rumbo del Tolima. Sobre otros temas álgidos (empleo, corrupción, inseguridad, vías rurales y urbanas, educación, salud, etc.), pienso que hay más blablablá, formulismos teóricos y oportunismos politiqueros que espíritu de lucha.

“Tolima, causa común” (II)

En artículo anterior señalaba que hoy los tolimenses son llamados a votar, pero que ninguno de esos afanosos llamados muestra al tolimensismo como norte ideológico y al Tolima como cimera razón del quehacer político.

“Tolima, causa común” (I)

Desde disímiles vertientes electorales, que no ideológicas, hoy convocan a los tolimenses a votar, pero ninguna de esas llamadas muestra al tolimensismo como referente ideológico y al Tolima como objetivo del quehacer político y por ello el pronóstico resulta obligadamente pesimista, porque no siendo el Tolima el norte del llamado político, entonces los tolimenses seguiremos oyendo los cantos de sirena en vez de escuchar las voces de las razones lógicas y, así, jamás seremos dueños de nuestro destino y por ende nuestra ruta seguirá siendo la fragmentación social, la pequeñez mental, los odios, la siniestra corruptela y más desvaríos y máculas que sólo exacerban el viejo y arraigado subdesarrollo de nuestra región.