Los influyentes

Por estar casi sellado el concubinato entre venalidad y estulticia, el Tolima, así parece, podría sufrir su atraso de por vida y solo queda leve esperanza para evitarlo. Por su inclemencia el atraso tolimense es innegable, pero igual parece imposible un acuerdo para superarlo y por ello debemos saber de dónde, cómo y cuándo emergió ese conservadurismo retrógrado que ve en el progresismo al mismísimo diablo.

Ciudades hermanas

Porque debe ser historia conocida por ibaguereños y tolimenses en general, recordaré que, el 2 de mayo del 2013, la Comisión de Hermanamiento de Vitoria-Gasteiz, ciudad capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco, España, expresó opinión favorable a la solicitud de hermanamiento hecha por Ibagué, ciudades geopolíticamente distintas, Vitoria con 276 km2 y unos 250 mil habitantes e Ibagué con 1.400 km2 y, tal vez, 600 mil habitantes y, claro está, vasta diferencia en su nivel de desarrollo y calidad de vida. Este hermanamiento, aún vigente y sin duda poco conocido por la opinión pública ibaguereña, entraña una génesis de carácter sociológico que podría aleccionar la formulación de una correcta prospectiva tolimense y de ahí mi breve pero franco recordéis de aquel suceso, no entendido o subvalorado por quienes tienen, pero incumplen, el deber de guiar la construcción de mejor destino para el Tolima.

Razonamiento deductivo

Suelo porfiar en la decadencia del Tolima, fenómeno que sucede sigiloso y por ello ignorado o rehuido como factor de sostenibilidad del atraso tolimense, atraso sobre el que pareciera existir relativo acuerdo, no voluntario, porque lo obligan realidades objetivas e innegables reveladas por los indicadores sociales y económicos. 

“… Esa es la cuestión”

Una delgada línea divide la crítica objetiva de la crítica casuística y de ahí que, por lo general, la primera deba sustentarse para no descontextualizarla de la historia y para correlacionarla con la ley de causalidad, o de otra forma, criticar y denunciar problema graves por sí mismo no significa ayudar a solucionar la vieja problemática social y, al contrario, paradójicamente así es como, a veces, ayudamos a enraizar la resignación, el desaliento y esa retórica innocua que alcahuetea que el tiempo transcurra sin que nada nuevo ocurra. Por ello hoy, en la luna miel de los neogobernantes, el pasado aconseja esperar lo mejor, pero alistándonos para lo peor, pues pronto sabremos si ellos portan o no, los genes del caciquismo feudal y antiético que desde hace cuatro o cinco décadas paralizó al Tolima, o si llegan imbuidos de una íntegra conciencia histórica para empezar su transformación.

“Economía para la vida”

“Economía para la vida”, este fue el lema que en grandes letras pudo leerse en el escenario de la Universidad del Tolima donde recién se realizó el cierre de año 2023 del sector solidario y que contó con la honrosa presencia del señor presidente de la República y la asistencia de insignes dirigentes del cooperativismo y otras instituciones del sector solidario colombiano. Recordemos que, en su agudo y emotivo mensaje, el presidente indico que las cooperativas (el sector solidario) eran el ejemplo que el gobierno del cambio quería para toda Colombia, pero no como actor marginal, bien se entendió, sino como sector protagónico de la inclusión social en la economía. Sin duda el cooperativismo tolimense tomó nota del histórico desafío y querrá encararlo y por ello me atrevo a hacer algunas propuestas que quizá sean útiles.

La semilla está ahí, pero….

Pensar el desarrollo supone pensarlo con prosperidad económica, premisa obvia que pone en duda la sensatez y pertinencia de la teorización económica o académica con la que están fundamentado la visión prospectiva de lo público y lo privado en el Tolima, pues si bien sus enfoques teóricos son aparentemente correctos, sus resultados en el Tolima los desmienten.

Otro cuatrienio y...

Necesario es hacer crítica, implícita o explícitamente propositiva, aun sabiendo que la crítica no inmuta y que la propuesta no interesa y ello por omitir o ignorar que, desde hace varias décadas, los tolimenses caímos en una decadencia que impide el examen colectivo respecto a quiénes somos, de dónde venimos y hacia vamos, para así pensar el futuro desde nuestra realidad, nuestra geografía, nuestro pasado y, en suma, desde nuestra identidad.

Gratitud

“La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta sin parar”. Este párrafo de Emily Dickinson sirve de prefacio para desear a los tolimenses y a quienes pacientemente soportaron mis escritos, feliz navidad y generoso 2024. Aunque la realidad social dé motivos para ser escéptico, no debemos descreer de la esperanza y, para no flaquear, cito un axioma de Einstein: “aprender del ayer, vivir para hoy, esperanza para mañana, pero lo importante es no parar de cuestionar”, proverbio contrario a la cita que de una milonga hiciera Savater, “a veces la esperanza son ganas de descansar”, para señalar que, “en este caso, la esperanza es un estado pasivo para no actuar y esperar a que las cosas ocurran por inercia o por azar”.

Vivir del cuento

En muchos espacios y disciplinas los centros de pensamiento han sido esenciales para hacer lecturas, avizorar tendencias y generar prospectiva; sin duda, muchos avances corporativos y sociales se fraguaron en la discreta y a veces secreta labor de equipos de investigadores y pensadores que abrieron trocha para que líderes, en verdad comprometidos con el progreso científico, económico-sectorial, territorial, etc., instituyeran equipos para conducir procesos que luego reconoceríamos como hechos reales de desarrollo.

Todo bien, pero sin ruido

Luego de los inicuos sucesos descritos en mi artículo titulado “trepidante y canallesco” (el cumpleaños de Ibagué y un festival musical, ambos realizados en el Murillo Toro, el primero con 17 horas continuas y el segundo por cuatro torturantes días, con promedio diario de 18 horas), en verdad no volvieron a producirse tan irrespetuosos eventos, aunque sí algunos excesivamente ruidosos. No obstante, el copioso feedback que generó el artículo me obliga a retomar el tema, pues de aquel se infiere que viene ocurriendo algo raro, la ciudad musical está mutando en ciudad del ruido y tal deformidad no sucede solo en el Parque Murillo Toro sino de toda la ciudad, afectando la salud, la civilidad y el sosiego de los ibaguereños.