Los jóvenes no son el futuro

Hace 260 años, en 1761, llega a Santa Fe de Bogotá proveniente de España don José Celestino Mutis. El sabio Mutis, como es reconocido por la historia, se formó como médico, aunque también estudió física, matemáticas, botánica, zoología, astronomía y ciencias naturales.
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A pesar de haber recibido invitaciones de buenas universidades europeas para continuar allí con sus estudios de medicina, decide unirse al virrey Pedro Messía de la Cerda como su médico personal para venir a América y estudiar, clasificar y dar a conocer al mundo la riqueza biológica del nuevo mundo.

Luego de ingentes esfuerzos que le tomaron casi 20 años, logra establecer la expedición botánica cuya obra es reconocida en el mundo como uno de los trabajos más importantes de su tipo. Se instala el 1 de abril de 1783 en la Mesa de Juan Díaz (Cundinamarca), pero al poco tiempo es trasladada a Mariquita por su localización entre las dos cordilleras y su fácil comunicación con la capital en la vía con Honda. Aunque el trabajo del sabio es conocido por su gran aporte a la botánica, también fueron importantes sus hallazgos en otros campos. Por esa razón, la Cátedra Mutisiana que organiza la Comisión Mutis, y que le corresponde al Tolima en este mes, trata sobre Mutis y la zoología. Están cordialmente invitados hoy a partir de las 10 a.m. y hasta el viernes próximo en el siguiente enlace: https://renata.zoom.us/j/81350134469. Pero además de investigador, Mutis fue profesor de matemáticas, física, filosofía, historia natural y medicina en el Colegio Mayor del Rosario. En sus clases dio a conocer la obra de Copérnico y los principios de la ciencia moderna, contrarios a las enseñanzas sostenidas por la iglesia de la época que aún sostenía que la Tierra era el centro del universo.

Aunque Mutis no tuvo como propósito preparar líderes políticos, sus enseñanzas, valores, principios y estilo de vida estimularon a una generación de jóvenes a romper las ataduras del estatus quo de la época y rebelarse contra la situación de empobrecimiento continuo de los habitantes de la Nueva Granada. Dos años después de su muerte, sus jóvenes discípulos más cercanos liderados por Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas y José María Carbonell iniciaron el movimiento de independencia en reuniones y mítines en el observatorio astronómico, para encauzar la indignación y desesperanza de miles de otros jóvenes. Lo que estamos viviendo hoy en nuestro país refleja un descontento similar en nuestros jóvenes. Un desempleo creciente de cerca del 40% para el caso de las mujeres y una gran dificultad para el ingreso a una buena educación por limitaciones económicas. Los pueblos se están quedando sin jóvenes y las ciudades se están poblando de personas que no avizoran un futuro promisorio. Es una generación que está cansada y desorientada y que, a falta de un ideal común y un futuro esperanzador, sale a protestar exigiendo cambios, sin tener muy claro el rumbo a seguir.

Estos jóvenes no son el futuro, son el presente; no son una generación sin esperanza, ellos y ellas son la esperanza de un futuro mejor. Nuestro deber como padres, educadores, empresarios y gobierno es abrirles los espacios que necesitan para ser escuchados e involucrarlos en la construcción de un proyecto de vida común.

ALFONSO REYES ALVARADO

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