90% de impunidad

Fue la Directora General del Icbf en entrevista reciente publicada en El Tiempo (11-07-2021), quien señaló que en 2020 la institución abrió más de 28.500 procesos por diversos tipos de violencia contra menores.
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Puntualizó que 14.226 casos correspondían a violencia sexual y el 84% de estas víctimas fueron niñas; y en lo corrido de 2021 van 6.991 casos. Destacó que en el país se reportan 46 casos diarios, que nueve de cada diez víctimas conocían al victimario y el 72% de los casos ocurrió dentro del ámbito familiar. Agregó también que en Colombia la impunidad que encubre los delitos de abuso sexual contra menores supera el 90%, y cabe anticipar que, muy posiblemente son muchos más los casos que no se denuncian por vergüenza, por temor a las represalias del agresor, porque no les creen a las víctimas o porque los trámites ante las autoridades son tan intrincados y la desconfianza en el sistema de justicia es tan alta que desisten de la denuncia. Se trata entonces de un fenómeno de grandes proporciones que debe estremecernos, avergonzarnos y llamarnos a la acción.

Concuerdo con la Directora en que “… atentar contra la integridad e inocencia de un niño es de bestias”, y abundan las evidencias que nos dicen que ese tipo de experiencias originan efectos devastadores en la vida de los menores, los marcan por el resto de sus vidas, porque lo usual es que no reciben tratamientos adecuados que les ayuden a mitigar el grave impacto sicológico e inclusive físico.

Es una tragedia que llama al repudio de la ciudadanía y, sobre todo, a asumir la responsabilidad que compete a cada persona de apoyar la tarea de cuidar a los menores, de observar y alertar a los competentes para que actúen. De modo especial corresponde a la familia inmediata, a sus vecinos, a las y los docentes para que observen los cambios de comportamiento de los menores, hablar con ellos, generar confianza y creerles cuando comparten sus angustias y prevenciones, y tomar las medidas del caso. 

Debemos entender que si tantos menores son violentados de ese modo, se está sembrando en ellos sentimientos de odio y deseos de venganza que irán creciendo hasta convertirles en personas resentidas, prevenidas y dispuestas a actuar con violencia porque podrían asumir que aquellos comportamientos son válidos y tiendan a reproducirlos y, peor aún, si no les creyeron o no les ayudaron a mitigar el dolor y angustia que les hubiere causado; entonces, tendremos semillas de violencia que germinan y se multiplican. Y tomemos nota de que aquí hablamos específicamente de violencia sexual pero también hay otros tipos de violencia que ejercen contra los menores, como los castigos desproporcionados, el trabajo duro, el abandono y el desamor, que también les causan lesiones severas.

Como reacción ante la grave situación anotada, hoy se cuenta con la Ley que da Cadena Perpetua para quienes ejercen violencia sexual contra menores, y antes se tenía otra que daba hasta 60 años de cárcel, que algunos consideraron insuficiente; podría decirse que la primera tiene un valor especialmente simbólico, pero ni la una ni la otra por sí solas garantizan mayor cosa. No queremos ser pesimistas pero puesto que tenemos tantas leyes excelentes que no se cumplen, queda pendiente garantizar que el aparato de justicia opere en forma pronta y cumplida. Se requieren también programas preventivos y que en ejercicio de una auténtica ciudadanía, cada persona asuma la tarea de vigilar el cumplimiento de la ley y denunciar a quienes no actúen. 

CARMEN INÉS CRUZ

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