ss

Las lágrimas de Julieth

“De verdad que esta escena es demasiado terrible… Dios mío, esto es increíble. Dios mío, no puedo. Nos tenemos que retirar”, fue la última intervención al aire de la periodista que hace las veces de corresponsal de Noticias Caracol y Blu Radio en Cúcuta, ante la magnitud de la escena de la cual fue testigo el martes pasado, en inmediaciones del aeropuerto Camilo Daza de la capital nortesantandereana, cuando dos policías perdieron la vida al detonar un paquete con explosivos que inspeccionaban en ese lugar luego del estallido de una primera bomba.
PUBLICIDAD

Minutos antes la reportera describió en vivo la escena: “Acá estoy viendo los policías hechos pedazos, Néstor. Acá estoy viendo a los policías. Dios”, y se quebró, su voz se entrecortó y rompió en llanto. No pudo más. Julieth Cano es una de las tantas y tantos corresponsales que, todos los días, exponen literalmente ‘el cuero’ en Colombia para llevar la información desde las regiones, muchas veces, en situaciones que ponen en peligro su integridad física.

No solo por hechos como ese atentado terrorista o por desastres naturales sino por el fuego cruzado en zonas en las cuales los actores armados imponen su ley. Cuando creíamos que el acuerdo de paz entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno nacional había logrado mandar al olvido la temeraria fuente de ‘orden público’, que desde las cómodas oficinas de los noticieros en Bogotá privilegiaron por décadas, las lágrimas de Julieth nos hicieron devolver en el tiempo y pusieron en primer plano la vulnerabilidad de una profesión que tantas veces ha sido violentada, con el fin de intimidarla y, en el peor de los casos, silenciarla.

Las lágrimas de Julieth frente a la cámara y los micrófonos comprobaron su condición humana en un oficio al que se le exige, por su naturaleza, sangre fría. Detrás de sus voces hay un hombre o una mujer que siente y sufre como los demás, mucho más allá de dedicarse a contar muertos, buscar explicaciones y contribuir al rating de los noticieros. Esa narrativa, que pareciera ser parte del pasado, nunca se ha ido.

LUIS FERNANDO RUEDA @lurueviv

Comentarios