Salvar el agua, es salvar la vida: no al fracking

Columnista Invitado

El cambio climático cada vez pasa una factura más difícil de pagar, cambiar el chip es una necesidad de subsistencia, descarbonizar la economía es una tarea colectiva que todos tenemos y un reto que desde este gobierno hemos afrontado. Ahora le pedimos al Congreso recordar la importancia de prohibir el ‘fracking’ en nuestro país como una acción para la transición energética y económica justa.
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Ha llegado la hora de reducir los impactos sobre los ecosistemas que sostienen nuestra vida, priorizar el agua para la gente y dejar atrás la búsqueda de caminos económicos que pongan en riesgo nuestras fuentes hídricas, las cuales sustentan la vida en todas sus expresiones. Las necesidades y deseos de nosotros son infinitos, pero los recursos no. No se trata de ponernos encima de la naturaleza, sino de construir una ruta que nos permita vivir dignamente a través de su cuidado, en fin, “poner la vida en el centro”, como diría Yayo Herrero.

Desde agosto de 2022 se radicó en el Congreso el proyecto de ley que prohí- be el ‘fracking’, una visión de país que le apuesta a las energías limpias y a una transición energética justa. Esta discusión comenzó por la Comisión Quinta de Senado. Durante 8 meses construyeron la primera ponencia y desde el Gobierno pudimos contribuir a este gran acuerdo para la vida, entendiendo sus miedos y alertas, trabajando de manera intersectorial. Luego, fue aprobado de manera ágil por la plenaria del Senado. Sin embargo, el proyecto hoy parece estar durmiendo el sueño de los justos en la Comisión Quinta de la Cámara, pues no ha gozado de un tratamiento prioritario. La prohibición del fracking está en riesgo de hundirse sin ser discutida.

Llamo a la Comisión Quinta de la Cá- mara a dar el debate público del proyecto, a escuchar a los colectivos, a que le permitan al país conocer las discusiones que puede tener este tema que solo tiene un mes y medio para ser aprobado o archivado.

Es entendible la preocupación sobre la viabilidad económica de las alternativas propuestas para la descarbonización. Sin embargo, es importante reconocer que la transición hacia un modelo energético más sostenible no se reduce a encontrar una única solución que reemplace por completo a los combustibles fósiles. En lugar de eso, se trata de promover un ecosistema económico diversificado y resiliente.

Nuestro mensaje es preciso: el daño ambiental ocasionado por el fracking y los yacimientos no convencionales no son un buen negocio para Colombia.

“El agua es para la vida y no para el fracking”, frase que nos recuerda una lucha de la sociedad civil emprendida hace casi una década. Como lo han demostrado diferentes estudios sobre los impactos en otros países con 10 y 15 años de implementación, el fracking degradaría los ecosistemas, la calidad del suelo y afectaría la pesca artesanal y la agricultura, además de generar graves problemas de salud para la gente.

SUSANA MUHAMAD

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