Acerca del acuerdo nacional

Rodrigo López Oviedo

Si la derecha, el centro, o sea la derecha vergonzante, el gobierno y las fuerzas que lo respaldan se decidieran a suscribir el acuerdo nacional que viene proponiendo Gustavo Petro desde los tiempos de su campaña presidencial, tal acuerdo no versaría, ni podría versar, sobre lo fundamental, en este caso los programas de gobierno, que es lo que el presidente quiere, pues la mayoría de esos programas pugnan con los intereses de quienes antes se aprovechaban del gobierno y su presupuesto para garantizarles larga vida a sus privilegios.
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Lo anterior no significa que haya que estar en contra del acuerdo. Lo que se quiere decir es que hay que poner los pies sobre la tierra y, en aras de evitar frustraciones, fijarle contornos realistas, que es tanto como aterrizar las expectativas.

¿Y cuáles pueden ser esos contornos? Pues los relacionados con la forma de hacer política decente; es decir, política no contaminada con violencia física ni verbal; no desaliñada por la trapisonda y el trato descomedido al contradictor; no marcada con zancadillas, mentiras ni leguleyadas, ni evasora de la responsabilidad de que deben hacer gala quienes fueron elegidos para buscar con argumentos convincentes los mayores beneficios para los sectores que representan, así estos no coincidan con los intereses de la nación y de sus más humildes hijos.

Por supuesto, que esperar pasivamente que se pueda llegar a un acuerdo en torno a esto aspectos refleja también un exceso de optimismo. Si fuera fácil, haría tiempo que se hubiera logrado, pero un acuerdo así choca con los métodos a que están acostumbrados los protagonistas de la política tradicional, tanto la de quienes integran el Congreso y demás cuerpos colegiados como la de los que trazan línea desde los gremios económicos, tanques de pensamiento y demás órganos del poder oligárquico.

He aquí, pues, el gran reto. Dadas las anteriores circunstancias, el acuerdo nacional, tanto si gira en torno a los programas de gobierno, como  si busca adecentar las formas de hacer política, solamente puede lograrse con la más amplia presión de los sectores democráticos, en los cuales confluyen las capas de la población que sienten repudio al ver que nuestro sistema político carga con deformidades tan odiosas que hacen de los escenarios políticos verdaderas porquerizas, como también a que estemos en el podio de los países más desiguales del mundo.

Es un reto difícil de cumplir, pero ante el cual no podemos arrugarnos. Un buen principio es el de constituir las coordinadoras populares orientadas por Petro y que tanto asustan a María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Andrea Holguín. Que levanten la mano quienes quieran tomar la iniciativa.

Rodrigo López Oviedo

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