La resurrección de Camilo

El común de los mortales nacemos para morir. Pero hay seres especiales, que mueren para nacer. El Arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, ha puesto sobre el tapete la idea de reivindicar la figura y el legado del sacerdote Camilo Torres Restrepo, venida a menos por su efímero y fracasado tránsito por la guerrilla.

El Obispo rescata el carácter cristiano y el sentido de la unidad como presupuesto ético y principio de toda acción transformadora colectiva que lo inspiró. “Yo no voy a discutir con los comunistas si el alma es mortal o inmortal, pero podemos ponernos de acuerdo en que el hambre es mortal”. Esta frase suya, es la síntesis dialéctica de su pensamiento.

Hacer del diálogo y de la unidad un instrumento para transformar el país y redimir a los más débiles. Tal era la esencia del Frente Unido, el movimiento que él impulsó. La propuesta del Obispo Monsalve es oportuna y valiente. El próximo 15 de febrero se cumplen 50 años de la muerte de Camilo. El presidente Juan Manuel Santos, por solicitud del ELN, ha ordenado la recuperación de sus restos óseos y todo parece indicar que en esta fecha habrá un acto de reivindicación. Ojalá que esto marque el inicio de un proceso de paz con esta organización. Sería, como lo afirma el Obispo, el mejor homenaje a Camilo, quien de vivir estaría tratando de desactivar la guerra.

La historia colombiana está llena de fracasos, derrotas y pérdidas. En el imaginario colectivo anida el mito de que los líderes que quieren hacer algo por el pueblo los matan. Jorge Eliécer Gaitán, Camilo Torres Restrepo y Luis Carlos Galán son apenas algunos de los muertos más representativos. Cada generación carga con la memoria de un muerto ilustre o con una derrota nacional, como la pérdida de Panamá. Hemos crecido en la cultura de la desesperanza. Es la ética del escepticismo, la carencia de fe en el sistema, en las instituciones, en las personas. Así es muy difícil construir un país.

El ELN tiene una oportunidad de oro. La de proyectar desde la legalidad la figura histórica de Camilo Torres, y hacer que su resurrección, como líder político, llene de esperanza a los millones de colombianos que viven en la pobreza extrema y la marginalidad política y social. Es necesario construir alternativas que canalicen la inconformidad y la frustración social. La falta de estas ha producido un vacío político que ha sido llenado por la violencia social.

Hay una especie de ‘lucha de clases’, sin ribetes políticos, que se manifiesta en la disposición de algunas personas a matar a otra por quitarle un teléfono celular, unos tenis de marca o una joya. Es el odio a ‘los de arriba’.

A la inconformidad popular hay que darle oportunidad para que se exprese y sirva para ayudar a transformar el país. Si la resurrección política de Camilo Torres sirve a darle legitimidad al sistema, y para que se avance en la búsqueda de la paz y la reconciliación, todos deberíamos contribuir a ello, como lo están haciendo el Obispo Monsalve y el presidente Santos.

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