FUTUROLOGÍA TOLIMENSE (II)

Alberto Bejarano Ávila

De lo dicho en la primera parte concluyo en que el pasado tolimense no es el mejor referente para pensar su futuro dado el incuestionable legado de atraso e incertidumbre que estamos sufriendo y, por ello, la disciplina que podría aclarar horizontes y acercar certezas de mejores días es la futurología. Solo la decadencia mental y moral explica por qué el tiempo electoral, ahistòrico, cortoplacista y sofístico, sustituyó al tiempo histórico como norte para pensar y construir un Tolima para todos y no solo para individuos de ideas cortas y codicias largas.
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En los ochenta del siglo XX, cuando surgió el clientelismo, seguramente no existían referentes para imaginar cómo sería el Tolima de hoy, pero la realidad actual sí es referente para pensar cómo será el Tolima en los sesenta y setenta del siglo XXI, pero todo indica que el regresivo tempo electoral seguirá opacando al tiempo histórico para impedir ejercer la futurología.

La vieja paradoja que adormece al Tolima, consiste en que prácticamente todos cabalgamos sobre un pasado estéril que nunca parirá buen futuro. Sobre el pasado jinetean esos sujetos de ideas cortas y codicias largas que se rigen por el calendario electoral porque así obtienen pingüe beneficio y, también, los analistas, habituales o tertulianos que escriben o hablan de coyuntura política y económica y no de retrospectiva y prospectiva histórica y así arraigan el continuismo, en vez de liberarse del hábito de botar el voto, de buscar frívola notoriedad o de coquetearle a eventuales candidaturas. Como podrá suponerse, aquella paradoja jamás permitirá que surja una generación que tome el tiempo histórico como brújula para impedir que, luego de más 200 años de “Patria Boba”, esta resurja para empequeñecer al Tolima.

La intelectualidad inútil (en la que muchos caemos) consiste o así lo explico, en ejercitar la oratoria; escribir columnas; remitir quejas, reclamos y propuestas; ejercer veedurías y otros ejercicios con cariz correcto y oportuno, y a veces realmente lúcidas, que nunca serán oídos y menos atendidos y, por ello, siempre serán ejercicios inútiles y sin duda engañoso, porque hacen creer que el talento y la decencia cumplen fines superiores. Canto a la bandera llaman a la palabra sin eco y, para el caso, llamémoslo canto a la decadencia, pues resulta imposible que la interlocución de las razones con estulticias, cinismos y prepotencias, origine acuerdos para que el Tolima no recule hacia la inviabilidad y sea próspero y ético.

Así visto, hoy la pelota está en la cancha del progresismo, que no quiere reinventarse como fuerza transformadora del Tolima y, por ello, invito a la reserva moral a alejarse del ya añoso círculo vicioso y empezar a armar el rompecabezas del progreso que, uso un ejemplo simple, es como una dispersión de fichas de Lego que poseen personas creativas pero que no apelan a la futurología y al diálogo concluyente para reinventar la identidad, la política y la cohesión social, para revivir el alma tolimensista y empezar la construcción de una región autonómica moderna y ejemplar.

 

Alberto Bejarano Ávila

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